II
(fragmento)
Escribir no es meditar y esto no es comprometer manos,
y papel, máquina de flores en el curso de las cosas, no
disponerse a modelar lo espontáneo hacia un objetivo preciso.
Escribir de lo que se es como de lo que uno realiza
es el proyecto de toda vida.
Si “p - q”, pongamos por caso este amor, una relación
entre marido y mujer que lleva ya (para asombro de todos)
seis, siete o más años fueran
fáciles problemas de lógica en un mundo que nos desprecia
estaríamos ya destruidos
y sin experiencias que proponer a la gente.
La equivalencia no es equivalente y “a = b” significa
no anulación del uno en el otro sino inexistencia del otro:
este descubrimiento esencial – que vislumbramos en Wittgenstain- obliga
a ser cada quien lo que es y lejos
de toda incorpórea apariencia nuestra igualdad
se traduce en lograr objetivos idénticos
bajo funciones distintas
Un matrimonio como todo hecho de historia parece
un enfrentamiento continuo: serio de contradicciones donde lo que cae se
llama error,
o pasado, miedo a lo que vendrá, cosas de las que uno
por haber nacido en tiempos, convulsionados se ha sentido
inaccesiblemente aludido, pero donde
-a diferencia de la historia-
Intercambiamos lucidez, y belleza, sobriedad:
dulces contradicciones
como cuando tú dices que todo es belleza
y yo que sin todo la belleza no existe.



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